Historia de una lobotomía

Con picahielo y martillo el doctor hizo una incisión en el lagrimal del ojo del pobre hombre. 

“Es seguro, no sentirá usted nada”- le había garantizado éste con voz grave y un convincente tono de seguridad (que claramente, había conseguido aprender después de muchos años de finjir ante cada paciente).

Así, después de una hora, Roger que había acudido a aquella clínica para aliviar todos sus males, sólo era un zombie más.

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