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Vintage, la palabra cool para lo viejuno

Desde hace un tiempo, todo lo que lleva la palabra Vintage o Indie añadidas gana un cierto valor extra. A mí me parece muy gracioso ya que ahora, si dices que un abrigo es viejo o de segunda mano no será igual que decir “Es que es Vintage”. O aquellas fajas de tu tía que tenía aparcadas en un cajón, ahora resulta que son Vintage y súper glam. Que si te las pones con un par de medias de lencería fina de esas que se enganchan con corchetes o con un sujetador picudo de los que te hacen tetas de pera, ganas 800 puntos en el top5 de los más In de Nylon Magazine. Soy la primera a la que le gusta ese cierto punto rancio de rememorar lo antiguo pero a ver, reconozcamos que hay unos límites. Y un sujetador picudo nunca te va a quedar bien por muy vintage que sea. (Y si no dí que como a Tanizaki te gustan las cosas que llevan el paso del tiempo marcado y quedarás muy cool…y rancio)

El colmo de esto es el de los villancicos. El otro día leí en el escaparate de una tienda que se vendían cassettes de villancicos vintage. Y yo, curiosa entré a mirar (no sé por qué la palabra vintage de algún modo evoca el glamour de las antiguas estrellas… ¿quizá Sinatra?). Mi madre siempre pone unos villancicos andaluces que son una pesadilla en Navidad y si no fuese por el apoyo incondicional que tiene de mi padre ya habría desaparecido ese CD hace unos añitos… Así que pregunté a la dependienta para ver si esa nueva-antigua selección podría hacer que me librase de los cantos rocieros al niño Jesús (que mis padres de andaluces tienen poco, y de religiosos menos). Y allí estaban, encima de una cesta llena de papel de periódico (vintage, por supuesto que también ya que era el del día anterior…) las cintas de villancicos de los niños cantores encima del burrito que iba hacia Belén. Con sus voces de castrati rancias y su Hacia Belén va una burra y Ande ande la Marimorena. Eran ellos. Los que parecían dibujados casi por Ferrandiz con colorines y mucha nieve. Me pregunté: ¿Los villancicos de toda la vida ahora son vintage? Pues deben serlo porque ahora el precio parece venido de París.

El otro fenómeno fascinante es el de la palabra Indie. Me hace mucha gracia que si ves una peli de serie B ES MALA DE NARICES (véase telefilm Antena3 post comida…ouch!) pero si es indie…ahhh! Otro gallo cantará. ¿Y en música? Ahí hay todo un fenómeno ya que el popindie es el popindie … y no toques ni  un pelo con esto a más de un gafapastilla ya que insultará a tu intelecto y te hará sentir como el mayor inculto. A mí me gusta este “género” si es que podríamos llamarlo así… y es que realmente independiente… puedo ser hasta yo con mi teclado Casio y el botón de 16 beats (¡Uy qué Vintage… con Casio y todo! Esto triunfa). ¿Y si me hago un myspace y comienzo a comercializarlo? Seré Marta y los 16 beats. O mejor en inglés que siempre gana más. Marta & the 16 beats. Para el próximo post.

Si,lo reconozco. Me gusta el rollo vintage y escucho música indie pero me doy cuenta de que cómo nos pueden vender con dos palabras y un lazo a veces un montón de cosas buenas y bonitas y otras sólo embalarnos basura. ¿La quiere para llevar?

Conclusión: Ponte un nombre más cuki en francés o en inglés y triunfarás.  ¡Ah! Y que no se te olvide el apellido.

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Me flipan los diseños de mi abuela

 

Cada vez lo tengo más claro. Mi madre es una auténtica trendsetter, y por lo tanto mi abuela la fabricante minorista de las mejores creaciones Made in home. Rebuscar en sus cajones es hallar tesoros increíbles. Bucear en la caja de sus pañuelos, solucionar cualquier look.

Siempre dije que el estilo y el vestir bien (a lo cual me refiero a conjuntar y no a llevar mocasín y chaqueta de Chanel) no es cosa de ricos, niñas bien, pijitas y adinerados. Mi madre siempre lo ha dicho – No por tener menos dinero vas a tener que ir menos guapa-. Las máximas familiares se han convertido en el centro de mi look. El tiempo no se ve y el trabajo sí . Y es una cuestión tan sólo de ser tu misma y olvidar cualquier tipo de prejuicios o complejos.

Pero metámosnos en lo que realmente me interesa: la increíble colección de prendas setenteras y ochenteras de mi madre realizada íntegramente por mi abuela Anita. Hace unos 15 años (allá por mediados de los 90’) renegaba absolutamente de la mitad de las cosas que mi mami decía que eran lo más. Unas gafas Rayban Aviator o unas Wayfarer, un vaquero pitillo desgastado, americanas con hombreras o la clave de tener unos buenos zapatos de salón en el armario. Yo, por supuesto con mis 9 era de esas chicas que renegaban del rosa, los vestidos cursis o cualquier cosa anticuada.

Acostumbrada a rodearme diariamente de estas prendas, hace una década comencé a incorporarlas en mi rutina (o mejor dicho reinorporar las creaciones que mi abuela hizo para mi madre cuando tenía mi edad ya que yo de pequeña era el maniquí de sus trajecitos para niña). Nunca he desentonado demasiado por mis atuendos para nada excéntricos ni clásicos pero sin embargo siempre he tenido el punto en el que todos los días alguien me pregunta – Qué bonito ¿De donde es? – o – ¿Me acompañas de compras?. Siente, valora, disfruta y aprovecha. Y esto lo he aprendido gracias a las prendas de mi madre. La base de su armario de los setenta y ochenta estaba constituida por cada chaqueta y cada vestido confeccionado minuciosamente por las manos de mi abuela y ahora complementada con otras tiendas.

Cada modelo escogido de revistas (fundamentalmente la alemana Burda de donde sacaba los patrones) era adaptado a las necesidades, gustos y posibilidades del momento. Una especie de modista de lujo lowcost y sobre todo muy popular. Y hoy por hoy la reutilización de dichas prendas confeccionadas con el mayor cariño y cuidado son incorporadas a mi look propagando así una descendencia generacional que reaprovecha y se enriquece de su herencia cultural y además la mezcla con sus propias y nuevas adquisiciones contemporáneas.

No te conformes con lo que ves en las tiendas. Exprésate. Probablemente penséis que muy bonito todo esto (topicazo) pero que tiene un puntito superficial y una base económica. Pues no es así: hablamos de creatividad.

Muéstrate como eres y no te dejes guiar como un cordero más.

Moda puede ser sinónimo de superficialidad y elitismo pero no lo es así estilo.

Todos lo tenemos y no lo pierdas nunca porque recuerda que el tuyo, es siempre único e irrepetible.

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